Adicta a Sentir: TEA y Trastorno del procesamiento sensorial. 

Estamos en el parque. Sinceramente, hace tiempo que no veníamos al centro a pasear y dejarnos ver por la ciudad. Vilanova i la Geltrú es una ciudad pero la verdad es que su espíritu es de pueblo. Quien es de aquí de siempre o la ciudad lo ha adoptado, conoce esa sensación de la que hablo. Andas por el centro y sueltas  un Adiós cada dos minutos, un ” qué tal? ” cada 5 minutos y “hasta luego” cada 10.

Pasear es un gran ejercicio de socialización para mí. Pero últimamente, con la depresión post parto, el cansancio, varios virus que han rotado entre nosotros en casa; y las ganas que arrastro de estar en mi hogar desde el ingreso de mi hija, pues me he transformado en una especie de madre ermitaña que sale solo lo imprescindible.

Estoy en un estado raro por el que ya he pasado muchas veces a lo largo de mi vida, y que me cuesta describir y no se nombrar. La idea me ha venido mientras sentia todo lo que me rodeaba y lo que me provocaba era una sensación de “déjà vu”, mezclada con una enorme emoción de nostalgia y tristeza, por la cantidad de estímulos que recibo y lo efímero que es el mundo. A veces, siento todo lo que me rodea de forma tan intensa, que me pierdo entre las sensaciones. Me hacen quedarme rígida, en un estado de hipnosis profunda del que sólo salgo cuando el “piloto automático” me avisa de que necesito volver a conectar a la realidad y centrar mi atención a un foco concreto. Focalizar, concentrarme o omitir el “todo sensitivo” es un ejercicio titánico. Mira! sin pensar, me ha salido un nombre al “estado raro” que no sabía nombrar. Pues eso, paso del estado “Todo sensitivo”,que trabaja gracias al piloto automático, a el estado “Focalizando”, que trabaja gracias al piloto manual.  Esta es la mejor manera de explicar mi manera de funcionar y como siento.

Recuerdo cuando era pequeña que iba a danza. Las niñas nos cambiaban de ropa al entrar y salir de clase. Mi abuela, con las manos deformadas por su artritis reumátoide, tenía dificultades para cambiarme. Ella me ayudaba, pero era yo quien se vestía y desvestía. Recuerdo perfectamente la imagen de las niñas más mayores con sus zapatos de bailarina con puntas, atadas a los tobillos. O los zapatos de tacón de la profesora, Coral, con esa tira que le subia el empeine hasta llegar as la parte del zapato que se ataba al tobillo. También la sensación de embobarme mirando las otras madres cambiando a mis compañeras de danza.

Siempre me solía “distraer” mientras me vestía y era un “VAAAAaaa! SILVIA! ESTÁS TONTA! Estate por lo que estás!!! Espabila!” que salía de la boca de mi abuela, lo que me devolvía a la realidad.

En el colegio me pasaba lo mismo. Recuerdo un año, en P5, que en Navidad, el Caga Tió nos dejó unas notas diciendo algo sobre nosotros y cómo éramos en clase. A mí y al Antoni, nos llamó “lentos cómo tortugas”. Y era verdad. Era imposible mantener el foco de atención constante, cuando todo lo que te rodeaba te producía tanto interés y resultaba muy fácil perderte en los estímulos que te proporcionaba, cualquier cosa. Lo que no vio ningún profesor, es el mérito que teníamos el Antoni y yo con terminar (aunque a paso de tortuga) la tortura de tarea que nos ponían. Haciendo esfuerzos titánicos por mantener la atención, reconectar cuando te perdías y seguir el paso del resto de la clase ( un saludo al Antoni y los profesores).

Esto ha sido un ejercicio que he hecho, (y ahora hago) desde que tengo uso de razón. A medida que pasan los años, lo he ido perfeccionando. Pero sinceramente, es agotador. Y mientras más años pasan, más cansado resulta.

Es muy goloso perderte entre las sensaciones, el dejarte llevar por el sentir. O no sentir, depende desde el lado que lo mires, claro.

Muchas veces, por no estar conectada, me he chocado contra marcos de puertas, papeleras… podría decir, que literalmente me he dado de morros con la realidad.

Yo el estado “Todo sensitivo” lo comparo con estar borracho.

Si tomas un poco de estímulos, puedes usar bien el piloto automático y no tienes problemas para seguir conectado. Pero como tomes más de la cuenta, ya la has liado. Los estímulos te embriagan y te saturan los sentidos. Entonces, es cuando te sientes como mareada, te cuesta moverte por el espacio sin tropezar. Te molesta la luz, los olores, el sonido, el taco. He llegado a tener náuseas y fuertes migrañas desde que tenía 9 años.

Todos percibimos diariamente estímulos, igual que comemos todos los días para alimentarnos. Hay días, que sin saber porqué, nos sienta mal la comida. Pues a mí con los estímulos y las sensaciones me pasa algo parecido. Hay días, que estoy conectada, concentrada en la realidad y mis cosas sin molestias ni necesidad de esforzarme demasiado. Pero la mayoría de veces, he de hacer el esfuerzo o incluso, como últimamente, me siento saturada, agotada por soportar las sensaciones.

A mi hijo le pasa igual. En el parque, le resultaba insoportable la arena y muchas veces, le molesta la ropa o texturas.
Por naturaleza, para bien y para mal, somos adictos a sentir.

Y tú? Cómo sientes la realidad?

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